Qué se puede enviar: lo que entra, lo que entra con condiciones y lo que no

Casi todo lo que cabe en un furgón de 3.500 kilos y no es mercancía peligrosa. Dicho así suena vago, y por eso esta página existe: para que sepas antes de llamar si lo tuyo entra, entra con condiciones o no entra — y en ese último caso, a quién conviene llamar.

Lo que entra sin más

La mayoría de lo que se mueve en el día a día de una empresa: palets, cajas, bultos sueltos, recambios, herramienta, material de obra, documentación, muestras, expositores y material de feria. Si cabe en un furgón de 3.500 kilos y se puede cargar entre dos personas o con una carretilla, entra.

El límite práctico no suele ser el peso, es el volumen y la forma. Una pieza larga puede ser un problema donde tres palets no lo son. Por eso lo primero que se pregunta no es cuánto pesa: es cuánto mide y cómo se carga.

Lo que entra, pero con condiciones

Hay carga que se lleva perfectamente si se sabe de antemano cómo tratarla. Equipos delicados y calibrados, electrónica, cristal, obra de arte, material de laboratorio: viajan bien, pero necesitan sujeción específica y a veces una forma concreta de colocarlos. No es más caro: es distinto.

Otra parte depende del embalaje. Se puede enviar sin embalar —una pieza metálica, un mueble protegido con mantas— y muchas veces es lo razonable. Lo que cambia entonces no es el precio: es de quién es la responsabilidad si aparece una marca. Se habla antes y se deja claro.

Y hay carga que depende del destino más que de la propia carga. Un colchón, un sofá o un electrodoméstico grande caben sin discusión; lo que decide el trabajo son las escaleras, el ascensor y cuántas manos hay para subirlo. Preguntar por eso al pedir precio evita la sorpresa.

Lo que no se hace, dicho antes de que preguntes

No se hacen mudanzas, mercancías peligrosas, transporte frigorífico, animales ni valores. No es una lista defensiva: es que cada una de esas cosas exige un vehículo, una habilitación o un seguro que este servicio no tiene, y hacerlas a medias sería peor que no hacerlas.

El caso que más se repite es el de las baterías de litio. Son mercancía peligrosa aunque quepan en una mano, y la respuesta es no. La segunda es el producto que necesita frío: el furgón no es isotermo, así que todo lo que dependa de la temperatura va con quien tenga el equipo.

Y hay un no que no es normativo, sino honesto: cuando una agencia te sale mejor, se dice. Un bulto pequeño sin fecha, a un polígono con reparto diario, no necesita un porte dedicado. Quien te ahorra un viaje que no hacía falta es a quien llamas el día que sí.

Cómo saber en treinta segundos si tu envío entra

Tres preguntas bastan. Qué es y cuánto mide —el volumen manda más que el peso—. Cómo se carga y cómo se descarga —si hay muelle, carretilla o solo dos manos—. Y para cuándo, que es lo que decide si sale hoy o mañana.

Con esas tres respuestas se puede decir sí o no en el momento, y con un precio cerrado. Lo que no se hace es aceptar el trabajo primero y mirar después: descubrir en la puerta que la pieza no entra o que no hay quien la baje es perder el día de los dos.

¿No ves tu caso aquí? Cuéntamelo y te digo si entra. Si no puedo hacerlo, te lo digo en el momento y te oriento hacia quien sí — eso también es parte del trabajo.

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